Glosa de la mesa: un taller al borde de la orla

Equipo MangaTranslate / ficory LLC

El taller no empieza con un discurso. Empieza cuando alguien aparta la silla, deja el cuaderno en el centro y espera a que la luz de la ventana caiga sobre la primera página. En esa mesa no se corrige a prisa: se escucha el ritmo de los globos, se marca el silencio entre dos viñetas y se anota lo que el dibujo ya dijo sin palabras.

Llamamos orla a ese margen estrecho donde el papel deja de ser ilustración y todavía no es traducción. Allí cabe una duda, un sinónimo que no encaja, una onomatopeya que hay que dejar sonar. El trabajo del grupo consiste en no llenar ese margen de golpe. Cada frase se prueba en voz baja, se compara con el gesto del personaje y solo entonces pasa al borrador común.

Quien llega tarde encuentra la mesa ya poblada de lápices y de tazas a medio enfriar. No importa. Hay sitio para otra lectura, para señalar un panel que el resto pasó de largo, para preguntar si el honorífico debe quedarse o disolverse en el español. La glosa no es un adorno: es el registro de esas decisiones, escrito para que la próxima sesión no repita el mismo tropiezo.

A veces el taller se alarga hasta que la calle oscurece. Entonces recogemos los folios, numeramos las dudas abiertas y dejamos la orla visible, no borrada. Mañana alguien volverá a sentarse, abrirá el mismo cuaderno y continuará la frase donde la mesa la dejó.

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